Y te das cuenta que es triste. Que las mañanas, las tardes y las noches son tristes cuando no aspiras a lo contrario, cuando dejas que las circunstancias influyan, cuando dejas que las personas a tu alrededor te lastimen, cuando aceptas comportamientos que te dañan o cuando seguís buscando aún sabiendo que algo vas a encontrar y posiblemente te vayas a angustiar. Pero ahí estás, intentando no dormirte triste, generando distracciones para engañar a tu mente, intentando pensar en positivo y en lo que te hace seguir teniendo ganas de vivir un día más. Es ahí donde encontrás a las personas que te acompañan a querer estar bien, a diferencia de las primeras, que independientemente del concepto que los una, no les preocupa hacerte daño, quizás queriendo o quizás sin querer.
Existen muchos de ellos llamados "amigos", "hermanos", "novios", "hijos", "chongos", "padres", "abuelos". Pero ¿qué pasa cuando cómo nos tratan no encaja en esa concepto? ¿Acaso dejan de serlo?
Me refiero con esto a que si bien creemos que un amigo puede dejar de ser nuestro amigo, puede un padre, puede dejar de ser nuestro padre?
En lo personal creo que son simplemente títulos, y como tales, no valen, sino que al contrario, pierden su valor, o capaz nunca siquiera lo tuvieron. En en fondo, lo que vale es lo que hacemos con ellos, lo que vale es no usarlos en vano, lo que vale es valorarlos, no por su nombre sino por su naturaleza, por lo que implican.
Entonces, ¿sirven de algo? Sólo sirven para engañarnos y hacernos "sentir" más importantes. Sirven para sentir que tenemos una relación especial con una persona. Pero al final, podes ser ingeniero, médico o abogado, hablar con tu hermano, abuelo o amigo, y tu esencia no va a cambiar, así como tampoco cambiará la del otro y todos vamos a seguir siendo los mismos, con nuestro ego y nuestro interés.
Comments
Post a Comment