DISTANCIA


La distancia. La distancia te rompe o te construye, no hay punto intermedio. Es toda una apuesta, irse, quedarse, cambiar o seguir. Y con esa apuesta, la duda. La duda de si te vas a sentir bien, feliz, contento. O todo lo contrario. O puede que haya días y días, pero si uno no lo intenta nunca lo sabrá. El tema está en estar seguro de querer  intentarlo, ya que puede que salga bien o puede que salga mal. 
Nada es para siempre, pero la vida tampoco. Los días pasan, los meses, los años, y en todo ese tiempo suceden muchísimos factores que pueden hacerte cambiar de opinión: el amor, uno de ellos. 
Ese amor, que lo construye la familia, los amigos, una pareja. Ese amor del que no es fácil despegarse, del que más cuesta, el que no te libera. Ese amor que es tan fuerte que duele, que duele cuando no es como uno quiere, por las circunstancias, por nuestras acciones, por malas decisiones. 
Ese amor, que se percibe y se describe de una forma tan fuerte, si es real, allí siempre estará. 
Tomar decisiones acerca de la distancia no es fácil cuando el corazón de explota te amor, los ojos te revalsan de lágrimas, y la cabeza te abunda de dudas. 
¿La clave? En verdad no sé si hay, pero creo que la confianza podría ser una. Confianza en nosotros mismos, en lo que nos proponemos hacer, en lo que nos proponemos cambiar, en lo que nos proponemos no perder.
La distancia, las decisiones, el amor, las circunstancias... son factores de la vida que marcan hitos en nuestra trayectoria.

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